Se nos ha dicho que un creador (sea o no artístico) debe CREAR (así en mayúsculas). Y claro, nos entra un pánico atroz. Porque en el momento en el que alguien nos dice que hagamos algo la cabeza empieza a emitir juicios de valor sobre lo que hacemos, cómo lo hacemos y si los resultados (siempre un fiel espejo en el que nos exponemos a los demás) estarán o no a la altura.

Pero lo cierto es que, desde que nos levantamos por las mañanas estamos creando. La manera en la que nos enjabonamos en la ducha, cómo untamos la mantequilla en nuestras tostadas o cómo sujetamos la cartera, la bolsa con la comida que llevamos al trabajo y las llaves, sí las malditas llaves, mientras somos capaces de pulsar el botón de bajada del ascensor… Coreografías en estado puro.

Y poco a poco vamos almacenando un arsenal de gestos que han nacido y se han curtido en la experiencia cotidiana (los más radicales de nosotros llevados por el paroxismo teórico incluso afirmamos que solo hay una manera correcta de colocar el papel higiénico en su correspondiente soporte).

Así esta colección de gestos repetidos conforma de manera imperceptible un yo definible con absoluta nitidez (“Pepito siempre hace esto así” se convierte en “Pepito es así”).

Y si los gestos se van incorporando a nuestro yo de manera progresiva, también, de una manera paulatina hay todo un montón de estímulos externos (visuales, sonoros, etc) que van haciéndonos. Así que podríamos afirmar que cada uno de nosotros no es sino una especie de mochila parlante.Y esa mochila a veces pesa lo suyo, porque nos guste o no, hemos metido en ella cosas de todo tipo (propias y ajenas). Y a veces es muy sano aligerar el peso.

Cuando somos niños nos está permitido (y si no nos lo permiten lo hacemos porque es lo que toca) rebozarnos por el suelo pataleando porque queremos otra galleta. Este comportamiento tiene una efectiva frontera cuando un berrido materno traza esa línea que ya intuimos que no debemos cruzar muy a menudo.

Pero en esta consciencia del límite se convierte también en un autocontrol que acabamos por no saber manejar. Y por eso la palabra CREAR (otra vez así en mayúsculas) nos atemoriza. Porque solo la entendemos desde nuestro autocontrol. Porque no es cierto que nos tengamos que “poner a crear”, porque siempre hemos creado (ahora ya en minúsculas que es la única manera de poner el verbo a nuestra disposición). Creamos desde nuestra propia cotidianidad, creamos desde lo que realmente somos, y creamos desde lo que llevamos en nuestras mochilas (todos y cada uno de nosotros). Porque el acto creativo solo consiste en poner en juego lo que ya somos y porque crear no es sino interpretar de manera personal la realidad que habitamos (cosa que hacemos permanentemente).

Y una vez que hemos empezado a jugar la única obligación que tenemos es contarles a los demás de qué va nuestro juego, para que ellos también puedan divertirse.

:: El curso Create-It Build-It es un curso que buscará en las mochilas de cada participante los recursos necesarios para poner la pelota en danza. Al final una exposición colectiva invitará a otros a compartir la experiencia.

+ info del curso aquí:  http://goo.gl/Tks0OS

Un pivoteo de Félix Fuentes.

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Nota sobre la imagen:

Ad Reinhardt, fragmento del panel “How to look at a good idea” publican en la revista PM el 4 de agosto de 1946.

Traducción: “Departamento del ojo mental. Cuando miras de cerca ves solo puntos y líneas y cuando miras de lejos ves ojos (estas no son pinturas abstractas). Esto es un buena idea para gente que quiere, cuando mira de cerca, ver solo puntos y líneas y para aquellos que quieren ver ojos cuando miran de lejos”.